La fertilidad del suelo se ha transformado en un tema central para todos los frutales, especialmente para el arándano, dado que determina la salud de la planta, la calidad de la fruta y la productividad del huerto. Sin embargo, este cultivo enfrenta múltiples desafíos.

Según explicó Eduardo Donoso, fitopatólogo y director de R&D de Bio Insumos Nativa, “el arándano es una especie que tolera bastante bien la falta de oxígeno y puede desarrollarse en zonas menos aireadas de lo habitual. Esto ha llevado a muchos productores a creer que la planta soporta altos niveles de compactación, pero no es así. La falta de oxígeno provocada por exceso de agua —propia de la fisiología del arándano— no es equivalente al estrés que genera un suelo compactado”.

Por ello, uno de los desafíos más grandes es mantener una buena oxigenación que permita un adecuado crecimiento radicular. “Ahí entran en juego los manejos físicos del suelo, pero también los biológicos, donde es posible incorporar enmiendas que mejoren su estructura y actividad”, agregó.

Otro reto importante es la producción en maceta o bolsa, generalmente utilizando fibra de coco. “Es un sustrato muy aireado y con excelente retención de agua, pero extremadamente inerte desde el punto de vista biológico. Aunque tiene mucha materia orgánica, si no le incorporo actividad microbiana no aparecerá de forma natural”, sostuvo Donoso.

En este sistema, el desafío es activar el microbioma para lograr un desarrollo radicular equilibrado y una fruta de mejor calidad.

¿Cómo fortalecer la actividad biológica del suelo?

La actividad biológica depende profundamente del tipo de suelo. “No es lo mismo un suelo del norte de Ovalle, con menos de 1% de materia orgánica, que uno en Osorno, con 15% o incluso 20%. Los requerimientos no pueden ser los mismos y tampoco las dosis nutricionales”, explicó Donoso.

El experto señaló que hoy están trabajando bajo un enfoque de sucesión ecológica: “Si parto desde un suelo degradado, como uno afectado por un incendio o aluvión, las primeras plantas que crecen cumplen la función de liberar fósforo, que a su vez permite el establecimiento de los fijadores de nitrógeno. Luego, el sistema avanza hacia un estado más estable”.

Según el nivel de desarrollo biológico del suelo se aplican estrategias diferentes:

  • Suelos con baja actividad: Incorporar materia orgánica, tanto para condición física del suelo, como para la planta, así como promotor de los microorganismos.
  • Suelos con buena actividad: Ya no requieren grandes volúmenes de materia orgánica, siendo más importante seleccionar microorganismos especificos“. Después de 7 años aplicando la materia, si no veo mejoras o la curva de rendimiento se aplana, es probable que el sistema esté saturado y el problema sea otro”, advirtió.

El estrés es un factor clave. “El principal estrés para los microorganismos es la falta de oxígeno. También lo afecta la salinidad. Hemos encontrado suelos en Osorno con actividad biológica similar a la de Arica, únicamente por la acumulación de sales.Las fluctuaciones intensas de temperatura y humedad también alteran la biología del suelo”, detalló el fitopatólogo. 

¿Cuál es el mejor suelo para arándanos?

Según Donoso, no existe un único tipo ideal. Todo depende del equilibrio entre:

  • Clima.
  • Calidad del suelo o sustrato.
  • Variedades seleccionadas.

“Hay variedades muy susceptibles a las sales. Si las utilizo en un sistema en Ovalle, no funcionarán, por mucha materia orgánica que incorpore. Es fundamental ajustar la genética al clima y al suelo”, comentó Donoso.

Estrés climático y nutrición: Dos factores que cambian la fisiología de la planta

El cambio climático genera inviernos más cálidos y veranos con menos agua, lo que incrementa el estrés de la planta y cambia por completo su forma de crecer.

Cuando la planta tiene poco nitrógeno, produce tejidos más resistentes, ricos en celulosa y compuestos defensivos. “Pero cuando tiene exceso de nitrógeno, crea tejido blando y débil.  La planta diluye ese nitrógeno para no intoxicarse, lo cual la vuelve más susceptible. El objetivo hoy no es aplicar menos nitrógeno, sino aplicarlo de forma fraccionada y eficiente, evitando estrés y cierre estomático, que también lo incrementa porcentualmente El estrés estival aumenta la incidencia de hongos de madera, botrytis e incluso plagas”, enfatizó Donoso.

Principales problemas fitosanitarios y cómo prevenirlos

La nutrición y el manejo del suelo influyen directamente en la sanidad de la planta.

Entre las enfermedades más relevantes se encuentran, destacó el experto:

  • Botrytis y hongos de postcosecha.
  • Hongos de madera, que aumentan en la zona del norte, asociados a poda y golpes de sol.
  • Macrophiomina, un hongo de suelo que antes aparecía tras inundaciones veraniegas y hoy se ha extendido debido al aumento de temperaturas. Este patógeno no responde a los productos utilizados para la fitosfera, lo que vuelve su manejo aún más complejo.

La clave, afirmó Donoso, es la prevención:“Los hongos que atacan raíces no lo hacen por exceso de agua, sino por falta de oxígeno. Si llueve 200 mm pero al día siguiente el suelo vuelve a oxigenarse, no pasa nada. Pero si caen 20 mm y se pierde oxigenación, ahí aparece el hongo”.

“El uso de Trichoderma, aplicado al inicio de la temporada o después de eventos de baja oxigenación, es una de las herramientas más efectivas para prevenir hongos de suelo”, finalizó.