Variedades como Mágica y el grupo Sekoya  han liderado la expansión de hectáreas plantadas en Perú, desplazando progresivamente a las tradicionales como Biloxi. Este cambio responde, principalmente, a su mayor eficiencia productiva y a menores requerimientos nutricionales. 

¿Qué explica el liderazgo de estas nuevas genéticas? Según Sebastián Ochoa, director de CASM Blueberries y fundador de Blueberries News, una de sus principales ventajas se relaciona con sus requerimientos nutricionales. “La gran ventaja de las variedades nuevas con las que estamos trabajando es que sus requerimientos nutricionales son bastante bajos. En Mágica, en particular, se requieren muchos menos fertilizantes en comparación con variedades antiguas”, explicó. 

El especialista añadió que CASM Blueberries ha venido realizando ensayos desde 2015, reduciendo progresivamente las concentraciones de fertilizantes sin afectar los rendimientos. “Partimos usando las mismas concentraciones que en variedades antiguas, pero con el tiempo nos dimos cuenta de que podíamos reducirlas y obtener las mismas producciones, incluso con incrementos en la calidad. Es una variedad que requiere menos fertilizantes”, afirmó. 

Otra ventaja de Mágica es su mayor tolerancia al amonio, en comparación con variedades más antiguas como Ventura. “Esto permite obtener fruta de mayor calibre, plantas más activas y menor riesgo de ablandamiento”, indicó. 

Sekoya Pop, por su parte, tolera mayores niveles de amonio, lo que permite generar fruta más grande y firme. “Una característica que también se observa en nuevas variedades del grupo Driscoll’s, así como en genéticas como Rosita, que no requieren programas de fertilización elevados”, resaltó.  

Ochoa además indicó que los requerimientos nutricionales de Sekoya Pop son similares a los de variedades tradicionales. “Pop requiere más fertilizantes que Mágica y presenta una mayor demanda de magnesio. Por eso mantenemos una relación calcio-magnesio más baja y realizamos aplicaciones exclusivas de magnesio en ciertos períodos, para mantener la planta activa y evitar deformaciones”, detalló.  

Ochoa advirtió que variedades como IQ y algunas de Planasa son más susceptibles al ablandamiento, por lo que el manejo del amonio debe ser más cuidadoso. No obstante, destacó que en general las nuevas variedades más plantadas —como Mágica, Grupo, Sekoya, Grupo de  Driscoll’s y MBO (Eureka)— son vigorosas y rústicas, permitiendo reducir fertilización sin sacrificar calidad. 

Errores más comunes en nutrición 

La sobrefertilización es uno de los errores más frecuentes en Perú. “Se pierde el concepto de consumo de lujo: se aporta una unidad adicional de fertilizante por hectárea sin obtener aumentos en producción o calidad. No hay retorno económico”, explicó Ochoa. 

El asesor detalló que, salvo el potasio —que no genera toxicidad directa—, todos los nutrientes pueden causar intoxicaciones si se aplican en exceso, además de generar desbalances con otros iones. “También es común encontrar programas con exceso de nitrógeno, lo que incrementa la susceptibilidad a enfermedades y plagas como hongos, trips y chanchito blanco”, añadió. 

Otro error habitual son los programas incompletos, donde ciertos nutrientes se aplican solo en etapas específicas del cultivo. “En Perú los suelos no aportan nutrientes; la arena es inerte. A diferencia de Chile, donde hay suelos orgánicos que siguen entregando nutrientes, acá todo debe aplicarse vía riego. En sistemas hidropónicos, todos los macro y micronutrientes esenciales deben ir en todos los riegos”, enfatizó. 

Ochoa subrayó la importancia de contar con un conocimiento sólido del cultivo y de la química agrícola para diseñar planes de fertilización eficientes. “Nuestros clientes siguen estas recomendaciones y les ha ido muy bien en producción y calidad. Los campos que asesoramos están en muy buen estado”, destacó el director de CASM Blueberries, que asesora el 70% de la producción de arándanos de Perú. 

Ajustes nutricionales según sanidad y agua de riego 

El especialista explicó que ciertos problemas fitosanitarios pueden obligar a ajustar los planes nutricionales, especialmente en relación con el nitrógeno. “Mientras más nitrógeno, y especialmente amonio, se ingrese a la planta, mayor será su susceptibilidad a enfermedades y plagas”, señaló. 

En valles como Ica, Paiján, Olmos y Piura, se ha observado mayor presión de oídio y trips, lo que obliga a manejar cuidadosamente los niveles de nitrógeno para evitar daños económicos. Asimismo, Ochoa destacó la relevancia de analizar el agua de riego antes de diseñar un programa nutricional. “Hay zonas donde el agua aporta más calcio, otras donde tiene más sodio. Los planes de fertilización deben ajustarse en función de lo que aporta el agua y no ser programas estándar”, comentó. 

Finalmente, Ochoa sostuvo que los programas nutricionales en esencia no han cambiado, pero sí lo ha hecho la genética. “Gracias a variedades más productivas, vigorosas y rústicas, hoy se pueden usar menos fertilizantes y obtener los mismos resultados, incluso con ahorros importantes. En algunos casos, ciertas variedades pueden requerir un poco más de calcio, pero en general la eficiencia es mucho mayor”, concluyó.