El alza en las temperaturas, las lluvias primaverales irregulares y la sequía prolongada son algunos de los efectos del cambio climático que hoy enfrenta Chile y que pueden impactar directamente en la producción y calidad de los arándanos.
Ante este escenario, Patricio González, académico e investigador del Centro de Investigación y Transferencia en Riego y Agroclimatología, CITRA, de la Universidad de Talca, explicó a Blueberries News cómo este cultivo responde a las nuevas condiciones climáticas y qué aspectos deben considerar los productores.
“Los arándanos crecen en una amplia gama de climas, lo cual es positivo, ya que presentan menores requerimientos de horas frío. La temperatura mínima de crecimiento bordea los 7 °C y pueden soportar máximas de hasta 33 °C, lo que los hace relativamente adaptables al cambio climático”, señaló González.
La temperatura óptima de crecimiento se sitúa entre los 16 y 25 °C, con requerimientos de grados día durante la etapa que va desde primavera a verano, en un rango también amplio. No obstante, el especialista enfatiza que el principal foco debe estar en el período invernal. “Es fundamental acumular al menos 400 horas frío, idealmente cercanas a las 1.000 horas, ya que eso entrega mayor seguridad productiva. Regiones como Maule y Biobío suelen acumular entre 1.000 y 1.200 horas frío, lo que las posiciona favorablemente. En cuanto a precipitaciones, el cultivo requiere entre 500 y 600 milímetros anuales”, explicó.

Temperaturas extremas y riego: Los principales riesgos
Según el académico, existen dos grandes riesgos climáticos. “El primero es que las temperaturas superen los 33 °C, lo que puede generar daños en el cultivo. El segundo es que no se cumplan las horas frío durante el invierno, fenómeno que ya estamos observando debido a inviernos cada vez más cálidos en la zona central”.
A ello se suma la necesidad de una adecuada gestión hídrica. “Es clave preocuparse del riego, especialmente en primavera, que en los últimos años ha sido más cálida. Hemos registrado temperaturas de 32 y 33 °C, por lo que es ideal implementar riego por goteo o aspersión”, detalló.
Desde el punto de vista fenológico, el arándano presenta una resistencia media a las heladas, pudiendo soportar temperaturas de hasta –3 °C. Sin embargo, el mayor riesgo ocurre durante la brotación y floración.
“El problema es que las heladas pueden presentarse en septiembre u octubre, cuando el cultivo está en su fase más sensible. En los últimos años hemos registrado eventos de hasta –3 °C en primavera”, advirtió González.
El impacto dependerá tanto de la temperatura alcanzada como del tiempo de exposición. “En Maule y Ñuble, las heladas suelen llegar a –1 o –2 °C y duran cerca de dos horas. En La Araucanía pueden ser más intensas, pero en general han ido disminuyendo producto del calentamiento global, lo que resulta positivo para este cultivo”, afirmó.
Donde sí se concentran las mayores amenazas es en las olas de calor estivales. “Cuando en primavera y verano las temperaturas superan los 36 o 37 °C, se pueden generar daños como arrugamiento del fruto y quemaduras. En ciudades como Los Ángeles se han registrado hasta 39 °C”, indicó.
Si bien el arándano tolera hasta 33 °C, en los últimos veranos se han registrado peaks de 38 °C, lo que incrementa la evapotranspiración. “En estas condiciones se pueden perder entre 70 y 90 m³ de agua por hectárea, aumentando el riesgo de estrés hídrico, uno de los principales problemas de la fruticultura entre O’Higgins y La Araucanía”, agregó el experto.
Zonas con mejores condiciones productivas
Consultado sobre las regiones con mayor y menor riesgo climático, González fue claro: “Hoy, Maule, Biobío y La Araucanía concentran las mejores condiciones para la producción de arándanos: buenas horas frío, inviernos moderados y precipitaciones cercanas a los 400–500 mm”.
El académico explicó que más hacia el norte, en regiones como Valparaíso, O’Higgins o la Metropolitana, la expansión ha sido más limitada por la menor disponibilidad de agua. “Estas tres regiones son actualmente el corazón de la exportación de arándanos en Chile”, enfatizó.
Medidas de adaptación y manejo
Para mitigar los efectos del cambio climático, el especialista recomendó un enfoque preventivo. “Es fundamental informarse cada año sobre el ciclo fenológico del cultivo, que comienza en invierno. Idealmente, cada huerto debería contar con una estación meteorológica automática que permita calcular horas frío, grados día y evapotranspiración”.
Asimismo, destacó la importancia del riego tecnificado y de contar con disponibilidad de agua suficiente para enfrentar temporadas más cálidas de lo presupuestado. “Con altas temperaturas, los frutales sufren pérdidas de agua, golpes de sol y arrugamiento del fruto. Por eso es clave monitorear cada huerto, ya que cada uno tiene características propias según su ubicación geográfica”.
Respecto a las proyecciones climáticas, González advirtió que varios de los riesgos ya están ocurriendo. “Desde 2010 enfrentamos una megasequía que continuará en el tiempo. La falta de agua y nieve seguirá siendo un factor crítico. En Chile central tenemos déficits de 30% a 40%, y la nieve ha llegado a déficits cercanos al 60%, reduciendo el caudal de los ríos”.
El segundo gran escenario son las altas temperaturas, con eventos cálidos que comienzan incluso en noviembre con 32–33 °C y que en verano pueden alcanzar los 38 °C. “También observamos una disminución progresiva de horas frío entre Maule y Biobío, hoy en rangos de 700 a 800 horas”, puntualizó.
Si bien estos niveles aún son adecuados para el arándano —que requiere entre 400 y 1.300 horas frío, según la variedad—, el académico subrayó la importancia de elegir variedades mejor adaptadas a las nuevas condiciones climáticas. “Ese es el clima hacia el cual vamos, y debemos prepararnos desde hoy”, concluyó González.