Estabilidad y buenos retornos son hoy las claves que explican el renovado interés por el arándano chileno. Tras varios años marcados por la pérdida de competitividad frente a la oferta de variedades cultivadas en los trópicos y subtrópicos, la industria local encontró en el recambio varietal y la genética de alto potencial una vía concreta para recuperar rentabilidad y protagonismo en los mercados internacionales.

“Se están activando varios proyectos en Chile”, señaló Sebastián Ochoa, consultor internacional de CASM. “Hace unos años se está plantando en Chile porque el negocio del arándano es muy estable, los precios han ido aumentando año a año. Las variedades nuevas han generado que esa genética que está muy bien posicionada en el mercado también tenga un mayor precio y por lo tanto el negocio ha tenido rentabilidades muy interesantes”.

Cómo el arándano chileno perdió terreno en los mercados

“La oferta de los trópicos y subtrópicos empezó a quitarle espacio en el mercado al arándano chileno y a reducir la apetencia de los consumidores finales por este producto”, explicó Ernesto Pino, gerente general de Fall Creek® Chile. Como consecuencia de la disminución del consumo llegó una baja de precios que generó rentabilidades muy poco interesantes para que los productores se mantuvieran en el negocio.

Además, el colapso logístico de la pandemia, donde muchos contenedores de arándanos chilenos no pudieron salir a tiempo, hizo que la fruta llegara en mal estado a destino, generando bajos retornos para los productores y una disminución de la intención de compra de arándanos chilenos en sus principales destinos.

La genética que marcó el punto de inflexión

En este contexto disminuyó drásticamente la compra de plantas de arándanos en el país, que pasó de entre 4 a 5 millones de plantas anuales a prácticamente cero en 2022, según explica el ejecutivo de Fall Creek® Chile. Justo ese año, la compañía de Oregon comenzó sus instalaciones para establecerse como vivero en Chile, un paso que dieron con la confianza puesta en la genética de sus programas Sekoya® y Collection®.

“Comenzamos a permear en Chile el recambio varietal que se estaba dando en mercados jóvenes que apostaban por los resultados de las variedades cultivadas en trópicos y subtrópicos que es Sekoya Pop® ‘FCM14-052’ y Sekoya Beauty® ‘FCM12-097’”, señaló Pino.

La oferta de material genético de alto requerimiento de frío de Fall Creek® en Chile considera cuatro variedades de la plataforma Sekoya®(Sekoya Crunch® ‘FC13-083’, Sekoya Grande® ‘FC13-122’, Sekoya Fiesta™ ‘FC13-113’ y Sekoya Nova™ ‘FC15-173’) y tres de Collection®(ArabellaBlue®‘FC14-062’, LoretoBlue™ ‘FC11-118’ y LunaBlue®‘FC12-205’).

El recambio varietal ya no es una opción

Ese nuevo escenario se tradujo rápidamente en una reactivación de la demanda de plantas en el país. Según explicó el gerente general de Fall Creek® Chile, tras un 2022 en que la venta disminuyó drásticamente, en 2023 la compañía alcanzó un volumen equivalente a 400 hectáreas plantadas, cerca de 1,4 millones de plantas.

La tendencia se consolidó en 2024 y 2025, con alrededor de 700 hectáreas anuales, muy por sobre otras alternativas varietales. “Hoy estamos renovando cerca de 700 hectáreas al año con genética Fall Creek®, mientras que el resto de las variedades no supera las 150 hectáreas”, señaló. La meta de la compañía es alcanzar una replantación anual de 1.000 hectáreas hacia 2028, con el objetivo de recuperar escala y volumen relevante de fruta chilena en los mercados internacionales.

Prize ha sido otro actor clave en este proceso de renovación genética. Según explicó Cristóbal Alessandrini, country manager de la exportadora en Chile, la compañía se integró como licenciataria del programa Sekoya® y, a partir de ahí, impulsó una expansión significativa a lo largo del país.

“Iniciamos un recambio varietal drástico, aumentando superficie desde la zona norte hasta el sur”, señaló. En el norte, Prize plantó variedades de cero requerimiento de frío como Sekoya Pop® ‘FCM14-052’ en zonas como Quillota y San Felipe, apuntando a producciones tempranas entre agosto y noviembre. En la zona centro-sur, la compañía desarrolló cerca de 270 hectáreas en Chillán y Los Ángeles, mientras que en el sur sumó otras 80 hectáreas de Sekoya®.

La estrategia de la exportadora se ha concentrado en variedades premium con entrada temprana en producción. “Ya estamos obteniendo rendimientos de entre 8.000 y 10.000 kilos por hectárea al segundo año, lo que hace mucho más atractivo el negocio”, afirmó Alessandrini.

Como explicó Ernesto Pino, la demanda de plantas está directamente asociada a la situación de las empresas que hoy siguen en el negocio: compañías con buenos resultados, capacidad de reinversión y acceso a capital —ya sea propio o a través de private equity y fondos de inversión—, lo que explica el actual dinamismo del proceso de renovación.

La intención de sumarse de lleno al recambio varietal con genética de alto potencial es clave para explicar el dulce pasar de la industria del arándano chileno. “El productor nacional entendió que tenía que hacer un recambio varietal y cada vez hay menos interés en seguir plantando variedades antiguas. Incluso algunos dicen que ojalá pudieran injertar sus variedades antiguas para poder acelerar el proceso de renovación. El problema hoy es, cuán rápido hacemos la renovación para lograr que Chile vuelva a tener escala y figuremos en las góndolas y que los supermercados sepan que Chile está ahí con un buen producto”, apuntó Pino.

Una alternativa rentable para tener en cuenta

Contrario a lo que se cree, el asesor Sebastián Ochoa explicó que los productores chilenos que han llevado sus proyectos con una buena planificación han mantenido la rentabilidad de sus negocios. Además, comentó que actualmente hay un alto interés de productores del extranjero por invertir en proyectos de arándanos en Chile. “Hay varios de nuestros clientes que están gestionando y desarrollando proyectos, buscando campos en Chile y están plantando o van a empezar a hacerlo pronto”. 

Un ejemplo de esto es el Grupo BEM, controlado por la familia Bouchon, con campos en la sexta y séptima región en que cultivan diversas especies frutales. Juan José Bouchon, su gerente general, comentó que, como parte de su búsqueda por diversificar su canasta, tienen en marcha un proyecto de arándanos en maceta. “Nunca habíamos trabajado con el cultivo y partimos este proyecto el 2025, evaluando y conociendo la industria del arándano. En mayo de 2025 presentamos un proyecto que se aprobó y hoy está en ejecución, con fecha de plantación en mayo de 2026”.

El proyecto contempla 18 hectáreas de arándanos en maceta, dadas las características físico-químicas de los suelos de la zona. “Estas hectáreas estaban plantadas con viñedos variedad Cabernet Sauvignon y Merlot, que por su baja productividad fueron arrancados para instalar un nuevo proyecto que fuera sostenible y rentable en el tiempo. Después de mucha investigación nos decidimos por comenzar con arándanos”, señaló Bouchon.

A unos meses de comenzar la plantación, Bouchon explicó que seleccionaron Sekoya Pop® ‘FCM14-052’ como variedad por su nivel productivo, de retornos y precocidad de cosecha. “Tenemos todo listo para plantar en mayo, con expectativas muy altas. Prize es nuestro licenciatario así que tenemos un muy buen referente, ya hemos definido los manejos correspondientes al proyecto, así que estamos tranquilos y confiados. Si todo anda bien y los retornos se cumplen, seguiremos reinvirtiendo en una segunda y tercera etapa en arándanos”, agregó.

Si todo avanza conforme a la planificación, tendrían la primera cosecha en noviembre de 2027. Respecto a sus potenciales destinos, el gerente general señaló algunos, pero explicó que todo dependerá del comportamiento del mercado en ese momento. “Estaríamos saliendo la segunda semana de noviembre, donde Corea se presenta como un destino muy positivo para nuestra fruta, con un mercado muy activo, con muy buenos retornos. Pero si el mercado nos dice que esa semana está fuerte Estados Unidos, iremos con toda nuestra fruta para mercados donde hay mejor retorno. No vamos a fijar un mercado límite, vamos a mover la fruta hacia donde el mercado esté más activo y aseguremos mejores retornos para la compañía y para el productor”. 

Abastecer el mercado en un momento oportuno

Además de la mejora en calidad y condición de la fruta, el arándano chileno enfrenta una oportunidad estratégica en el calendario internacional, especialmente como complemento a la oferta peruana. “Estamos buscando potenciar tanto la parte temprana como la tardía”, explicó Alessandrini.

En el segmento tardío, febrero aparece como una ventana aún poco cubierta, con menor disponibilidad de fruta y una caída en la productividad. “También hemos potenciado la parte temprana. A diferencia de lo que se podría creer, nos ha ido muy bien en el norte apuntando a esta entrada temprana a mercados donde hoy Perú que es nuestro principal competidor en Sudamérica, no tiene acceso”. 

En un escenario dominado por variedades de bajo o nulo requerimiento de frío, la producción chilena se integra como un complemento natural dentro del suministro global en el segmento de variedades high-chill.

En esa línea, Fall Creek® ha puesto el foco en el sur del país, particularmente en La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos, regiones que presentan condiciones climáticas ideales para expresar el potencial de las variedades de alto requerimiento de frío.

“Todas las variedades que hemos introducido muestran un comportamiento excepcional en zonas de alto frío. A mayor acumulación de frío, mejor productividad, mayor precocidad y mejor sabor de la fruta”, sostuvo Ernesto Pino.

Alessandrini coincidió y comparó este fenómeno con lo ocurrido en la industria de la cereza. “Las variedades high-chill solo se pueden producir en su hemisferio y en su estación. Cuando Chile produce este tipo de arándanos, no hay oferta equivalente en el hemisferio norte, lo que nos permite abastecer al mundo con una fruta diferenciada, con mayor aroma, sabor y grados Brix, altamente valorada por los consumidores”.

Atender desafíos claros para crear una oferta robusta

Un aspecto no menor es la disponibilidad de tierras en dichas regiones y ser una zona más libre de situaciones cuarentenarias. “Ese es nuestro foco hoy para potenciar este programa y ahí hay un potencial de crecimiento grande, hay un potencial empresarial con recursos para hacerlo, pero también falta conocimiento, que es donde está el gran desafío y es en lo que nos estamos enfocando hoy”, puntualizó Pino.

“Lo relevante de Chile es llegar a tener escala porque si no, no vamos a estar en el radar y ese es nuestro objetivo. Queremos tener una replantación anual de a lo menos 1.000 hectáreas, cosa que en cinco años haya un volumen relevante de fruta chilena en el mercado y eso continúe creciendo”. El ejecutivo de Fall Creek® además señaló que, si bien la inversión que requiere un proyecto de arándanos es alta comparada a otros frutales, “la certeza de resultados también es mayor, justamente por la diversificación, tienes los cinco continentes para vender, tienes un precio más noble, mucho menos incertidumbre y es un producto ‘hipersexy’ que se vende bien en todo el mundo”.  

Con una nueva y sólida base genética, ventanas comerciales más claras y un renovado interés de inversionistas, el arándano chileno busca recuperar escala y reposicionarse como un actor relevante y confiable en el mercado global.