En los últimos años, el cambio climático ha intensificado los veranos en Chile, con temperaturas que han superado los 38 °C en la zona centro-sur. Sin embargo, durante esta temporada las regiones del Maule y Ñuble —principales zonas productoras de arándanos del país— han registrado condiciones más moderadas, tendencia que se mantendría hasta finales de febrero.
Así lo señaló a Blueberries News Patricio González, académico e investigador del Centro de Investigación y Transferencia en Riego y Agroclimatología (CITRA) de la Universidad de Talca: “Las regiones del Maule y Ñuble han tenido un verano climáticamente más moderado en comparación con 2023 y 2024, años en que alcanzamos temperaturas de 39 e incluso 40 grados en Ñuble”.
El experto detalló que en enero se registraron máximas de 36 y 37 °C, mientras que durante la primera quincena de febrero las temperaturas no han superado los 32 o 33 °C.
“Es curioso, porque en el mismo período del año pasado habíamos alcanzado los 38 grados. Hay una diferencia notoria. Lo que resta de febrero se mantendría en valores moderados, entre 30 y 33 grados en Maule y Ñuble. Más al sur, en Biobío, La Araucanía y Los Ríos, las máximas oscilarían entre 27 y 28 grados”, explicó.

Beneficios del fenómeno de La Niña
La actual temporada ha estado influenciada por el fenómeno de La Niña, evento frío que afecta la zona ecuatorial del Pacífico y que, en el caso de Chile central, contribuye a moderar las temperaturas.
“El arándano no tolera bien temperaturas extremas sobre 34 o 35 grados. Este verano más moderado, influenciado por La Niña —que ya está finalizando— ha sido favorable. No hemos tenido golpes de sol ni estrés hídrico o térmico significativos durante enero y febrero”, afirmó González.
El especialista añadió que se han cumplido los requerimientos térmicos del cultivo. “El arándano necesita alrededor de 1.200 grados día, condición que esta temporada incluso se superó en diciembre y enero, acumulándose más de 1.600 grados día. Asimismo, las horas de frío invernales se completaron adecuadamente”.
“No se observan condiciones extremas hasta finales de febrero. Existe menos de un 20% de probabilidad de que las temperaturas superen los 38 grados, como ocurrió el año pasado. Lo más probable es que se mantengan entre 30 y 32 grados, lo que favorecerá la maduración y la cosecha”, puntualizó.
Variedades tardías
Respecto de las variedades tardías González proyectó un escenario igualmente favorable.
“Estimamos que las lluvias se iniciarían desde mediados de mayo. Por lo tanto, marzo y abril presentarían escasez de precipitaciones y temperaturas moderadas, condiciones que seguirán beneficiando la cosecha de variedades tardías”, indicó.
Si bien se registraron precipitaciones a comienzos de febrero, estas no tuvieron la intensidad ni el volumen suficiente para provocar daños en la fruta.
De acuerdo con el experto: “Este 2026 ha sido muy favorable desde el punto de vista productivo. Todo indica que se cumplirán las expectativas de volumen, en gran medida gracias al clima moderado que hemos tenido, algo que no ocurría con esta estabilidad en los últimos cuatro años”.
Precaución ante un escenario climático cambiante
Pese al buen desempeño de esta temporada, el experto advirtió que no se debe asumir que estas condiciones se repetirán en el futuro. “Estamos en un contexto de cambio climático, donde predominan los extremos. Este verano fue la fase moderada, pero no significa que el próximo año no volvamos a tener temperaturas sobre 38 grados”.
En ese sentido, enfatizó la necesidad de optimizar el uso del recurso hídrico. “La zona central cerró 2025 con más de un 30% de déficit pluviométrico, situación que exige eficiencia y tecnología en el manejo del riego”, señaló.
Por ello subrayó que “hay que cuidar el agua y utilizarla de forma tecnificada. Revisar canales, evitar filtraciones y asegurar sistemas de riego eficientes. Para la fruticultura de la zona central existen tres grandes desafíos: la disminución de las precipitaciones, la reducción de nieve acumulada y los extremos térmicos, que pueden superar los 37 o 38 grados”.
Finalmente, González llamó a no bajar la guardia: “Este verano tuvimos una etapa de bonanza. Pero la tendencia mundial indica que los próximos veranos e inviernos podrían volver a ser más cálidos. No hay que confiarse”, concluyó.