POR: FERNANDO VILLAGRÁN, ASESOR INTERNACIONAL EN PRODUCCIÓN DE ARÁNDANOS DE CASM BLUEBERRIES.

Perú se ha consolidado como uno de los actores más relevantes en la exportación mundial de arándanos, destacando no solo por volumen, sino también por la calidad y consistencia de su fruta en los principales mercados del mundo. Este posicionamiento no es casual: responde a una estrategia productiva que ha sabido adaptarse rápidamente a las exigencias del mercado y a las condiciones agroclimáticas del país.

Uno de los cambios estructurales más relevantes en la industria peruana ha sido la migración desde el cultivo en suelo hacia sistemas productivos en macetas y bolsas. Hoy, la mayoría de los nuevos proyectos se desarrollan bajo este modelo, lo que ha obligado a poner especial énfasis en tecnologías asociadas a sustratos, y los manejos precisos del riego y nutrición así como en la correcta elección varietal.

En este contexto, la genética cumple un rol estratégico. Perú presenta diversas zonas productivas con características climáticas muy particulares, donde las variedades deben responder adecuadamente a condiciones de estrés como altas temperaturas, alto DPV, radiación, alta presión de plagas y, en muchos casos, a la ausencia de horas frío. La experiencia ha demostrado que variedades con requerimientos de frío, como Ventura, Atlas; presentan limitaciones productivas en años marcados por eventos climáticos como el fenómeno de El Niño. Por ello, el foco hoy está puesto en genéticas de cero frío, capaces de mantener productividad y calidad incluso en temporadas más cálidas, siendo este aspecto un seguro productivo para la rentabilidad de los proyectos.

Actualmente, el desarrollo varietal se enfoca en variedades que combinan firmeza, productividad y buena condición de postcosecha para llegar a mercados lejanos. Entre las variedades más plantadas resaltan Sekoya Pop, que se destaca por su firmeza y gran calibre y Mágica, por su alta productividad combinada con muy buena llegada a mercados lejanos. Les siguen variedades como Eureka y las variedades del programa Driscoll’s, que destacan por su sabor, y las de Planasa, material genético premium diseñado para responder a las exigencias de los mercados.

Desde el punto de vista del manejo técnico, el desafío es igualmente relevante. El cultivo en sustratos implica comprender en profundidad la fisiología del arándano y sus requerimientos nutricionales, tanto en macro como en microelementos. La correcta formulación de programas de nutrición, el manejo de equilibrios y la adaptación a cada etapa fenológica son claves para expresar el potencial genético de las variedades.

Asimismo, el manejo del pH y la CE en macetas es fundamental, ya que los sustratos no aportan nutrientes por sí mismos y todo se lo debemos aportar. En este escenario, la bioestimulación adquiere un rol protagónico, tanto a través del sistema de riego como mediante aplicaciones foliares, permitiendo apoyar a la planta frente a situaciones de estrés.

La anticipación a factores de estrés —tanto bióticos como abióticos— es otro pilar del manejo moderno. Conocer en profundidad las zonas productivas, las principales plagas y enfermedades, y los momentos críticos de la temporada permite tomar decisiones oportunas y reducir impactos productivos. El control fitosanitario y manejo del estrés, por lo tanto, debe ser preventivo y estratégico, más que reactivo.

Desde una mirada global, el desarrollo técnico y productivo del arándano en Perú muestra una evolución muy positiva y a la vanguardia mundial. El país avanza de manera sostenida en la tecnificación del cultivo, incorporando herramientas de última generación y fortaleciendo la capacitación de los equipos técnicos. Esta combinación de genética adecuada, manejo agronómico preciso y capital humano calificado permite proyectar un escenario muy favorable para los próximos años, con mejoras constantes en rendimiento por hectárea y una oferta cada vez más alineada con las demandas del mercado internacional.