Por Simón Muñoz, asesor internacional en producción de arándanos de CASM Blueberries. 

Cuando se analiza el comportamiento de una variedad de arándano, es importante entender que su desempeño depende mucho más de la zona agroclimática donde se establece que del clima en términos generales. Podemos encontrar climas subtropicales en distintos lugares del mundo, pero cada uno presenta características particulares en cuanto a temperatura, humedad relativa, pluviometría, radiación y déficit de presión de vapor, factores que influyen directamente en la expresión genética de cada variedad. 

Existen variedades con mayores o menores requerimientos de frío, lo que determina en parte su adaptación a zonas más al norte o sur. Sin embargo, el éxito de una variedad no depende únicamente de este parámetro. La verdadera evaluación comienza cuando esa genética es probada en condiciones de producción. Además de las horas de frío, es fundamental considerar variables como la humedad ambiental, las precipitaciones y la tolerancia al estrés climático. 

En esa línea, destacan las variedades pertenecientes al programa MBO. En las zonas de bajo requerimiento de frío, las variedades que actualmente muestran una mayor expansión son Sekoya Pop, Mágica y diversas variedades desarrolladas por Planasa. Por otro lado, en zonas de alto requerimiento de frío se observa una fuerte adopción de variedades del programa Sekoya, como Nova, Crunch, Grande y Fiesta, además de variedades pertenecientes al catálogo Collection de Fall Creek, que continúan ampliando su presencia en distintas regiones productoras. 

No obstante, la adaptación agroclimática es solo una parte de la ecuación. Tan importante como la capacidad de la planta para desarrollarse en una determinada zona es la calidad de la fruta que produce. Hoy la selección varietal debe considerar atributos como firmeza, calibre, sabor, condición de llegada y vida de postcosecha, factores que determinan tanto el valor comercial de la fruta como su desempeño en los mercados de destino y su potencial de repetición de compra. Además de la productividad, tolerancia a plagas y enfermedades, y mecanización de cosecha para algunas zonas. 

Simón Muñoz, asesor internacional en producción de arándanos de CASM Blueberries.

Existen variedades que se adaptan muy bien a determinadas condiciones productivas y que ofrecen altos niveles de rendimiento, pero cuya fruta presenta limitaciones para mercados distantes. En contraste, variedades como Sekoya Pop combinan bajos requerimientos de frío con una excelente condición de postcosecha, permitiendo abastecer tanto mercados cercanos como destinos de exportación más lejanos. Por esta razón, la elección varietal no puede basarse exclusivamente en la adaptación climática. Es necesario evaluar de manera integral la capacidad de la planta para expresar su potencial productivo y, al mismo tiempo, entregar una fruta capaz de satisfacer las exigencias de los consumidores actuales. 

La industria ya está dejando atrás muchas variedades de generaciones anteriores, por ejemplo, Legacy. Aunque todavía existen huertos con variedades tradicionales, especialmente en Europa del Este, la tendencia global apunta hacia genéticas que ofrezcan una mejor combinación entre productividad, calidad y comportamiento comercial. 

Esta evolución responde, en gran medida, a la creciente exigencia de los mercados. Países Bajos, Alemania y Reino Unido son ejemplos de mercados maduros, con consumidores habituados al arándano y estándares cada vez más elevados. En estos destinos ya no existe espacio para fruta de calidad intermedia; el mercado exige excelencia.  

Al mismo tiempo, países como Turquía, India y diversos países del Sudeste Asiático están incrementando rápidamente su consumo de arándanos y mostrando una creciente disposición a pagar por fruta de alta calidad. Una situación similar se observa en Latinoamérica, particularmente en mercados como Brasil, Colombia y Ecuador, donde el consumo continúa expandiéndose y los retornos se mantienen atractivos. 

Frente a este escenario, el principal desafío para los productores es identificar aquellas variedades capaces de adaptarse a una determinada zona agroclimática y, al mismo tiempo, expresar todo su potencial productivo y comercial. Hemos visto casos de variedades que sobreviven e incluso producen en determinadas condiciones, pero que nunca alcanzan los niveles de rendimiento y calidad para los cuales fueron desarrolladas. 

Cuando una variedad logra adaptarse plenamente a una zona, expresar su potencial y generar fruta de calidad consistente, su adopción suele crecer rápidamente. Ese ha sido el caso de variedades como Sekoya Pop y Magica, cuya expansión en distintas regiones productivas refleja el nivel de confianza que han generado entre productores y exportadores. 

El futuro de la industria estará marcado por una correcta combinación entre genética, ambiente y mercado. La variedad correcta, plantada en el lugar correcto y orientada al mercado correcto, seguirá siendo la clave más efectiva para construir proyectos exitosos y sostenibles en el tiempo.