TerraFlux comenzó su incursión en la producción de arándanos en México con 100 hectáreas de la variedad Mágica, cultivadas bajo manejo orgánico en Lagos de Moreno, Jalisco. La plantación se estableció en marzo de 2025 y solo ocho meses después, en noviembre, inició su primera cosecha.

La compañía nació a partir de una iniciativa conjunta de Alpine Fresh, comercializadora estadounidense con varias décadas de trayectoria, y Solum Partners, fondo de inversión dedicado a la gestión de portafolios y activos agrícolas. Tras la experiencia previa de sus socios en un proyecto desarrollado en Perú, la iniciativa se trasladó a México inicialmente con producción de berries.

En una primera etapa establecieron 100 hectáreas principalmente de zarzamora y frambuesa. Posteriormente, en 2024, se incorporó un nuevo equipo de administración liderado por David Aymans como CEO y Diego Echenique como COO, ambos con una larga trayectoria en Hortifrut y experiencia en el desarrollo de proyectos en Perú, China, Chile, Ecuador y México. La compañía planteó entonces el desarrollo de otras 100 hectáreas, esta vez destinadas a arándano orgánico con Mágica, genética perteneciente al portafolio de OZblu. Con ello, TerraFlux alcanzó alrededor de 200 hectáreas de berries en México.

Su producción de arándanos tiene como principal destino el mercado estadounidense y fue establecida con una densidad de 6.900 plantas por hectárea, decisión basada tanto en la experiencia previa del equipo en México como en referencias productivas de Perú. Según explicó Aymans, esta configuración se adapta favorablemente al desarrollo inicial del cultivo y a las características de Mágica en las condiciones específicas de Lagos de Moreno.

Una primera cosecha con plantas aún en formación

El proceso de due diligence técnico y operacional comenzó en agosto de 2024, mientras que los primeros trabajos de movimiento de tierra y preparación se iniciaron en noviembre del mismo año. La plantación se concretó en marzo de 2025 y la primera fruta comenzó a cosecharse en noviembre.

Al tratarse de plantas todavía en formación, TerraFlux considera esta temporada como una primera aproximación al potencial productivo del campo. En algunos sectores, los rendimientos se ubicaron entre 2,2 y 2,3 kilos por planta.

La compañía contempla una expansión gradual de su superficie de arándanos, mientras avanza en la consolidación de la operación actual. “Estamos consolidando la gestión de los equipos operacionales, productivos y de capital humano, lo que nos está dando una excelente base para crecer”, señaló Aymans.

En ese proceso, entre los principales desafíos identificados por TerraFlux se encuentran la gestión de la mano de obra, los recursos hídricos y el control de los costos operacionales. La compañía también ha implementado planes estratégicos de sostenibilidad que le han permitido acceder a distintas certificaciones.

Una de las áreas en las que han avanzado es la infraestructura destinada a los trabajadores de cosecha, muchos de los cuales provienen de otras zonas del país. “Hemos ido priorizando aspectos como los campamentos para nuestro personal de cosecha, ya que muchos de ellos son foráneos. Buscamos que las condiciones sean las idóneas y que esta infraestructura de servicios se desarrolle de manera paralela al campo”, explicó Aymans.

Las condiciones de Los Altos de Jalisco

El campo está ubicado en Los Altos de Jalisco, una zona situada aproximadamente entre 1.700 y 2.000 metros sobre el nivel del mar. Aymans destacó especialmente las condiciones de frío durante otoño e invierno, que favorecen los procesos de inducción y diferenciación de las plantas.

La primavera, en tanto, presenta temperaturas templadas que pueden mantenerse hasta abril, mientras que el período lluvioso comienza principalmente a partir de junio. Esto permite desarrollar buena parte de la cosecha en una época con temperaturas moderadas y baja presencia de precipitaciones. Al mismo tiempo, el manejo agronómico requiere un control detallado del DPV, la radiación y la variación térmica desde la floración y durante toda la cosecha.

Una de las condiciones que requiere especial atención son las heladas. Aunque pueden registrarse bajas temperaturas, Aymans explicó que generalmente se trata de eventos de corta duración. Con sistemas de protección adecuados, sostuvo, es posible reducir el riesgo de daños, especialmente sobre frutos recién formados.

La floración comienza desde octubre y la producción puede iniciarse hacia fines de noviembre y extenderse hasta mediados o fines de abril. El objetivo de la compañía es trabajar con una curva relativamente plana al comienzo de la temporada para alcanzar sus mayores volúmenes durante febrero y marzo.

Un sistema de producción orgánico basado en la prevención

La condición orgánica del campo también ha determinado la estrategia de manejo fitosanitario. TerraFlux trabaja con un modelo predictivo apoyado en el monitoreo, mediante el cual identifica sectores con distintos niveles de presión de plagas y define controles dirigidos de acuerdo con el estado de desarrollo de cada una.

“En nuestra condición orgánica estamos mucho más obligados a estar a la vanguardia de ese tipo de controles”, señaló Aymans, quien explicó que la compañía busca abordar la producción como un ecosistema agrícola y no únicamente como un campo productivo.

Desde su diseño original, el campo ha incorporado estrategias basadas en el uso de biomasa y flora endémica para el desarrollo de corredores biológicos, además del trabajo con insectos benéficos y otros enemigos naturales, junto con el uso de microorganismos. Dentro de este último grupo, Aymans destacó principalmente Trichoderma, utilizado para combatir hongos de postcosecha en distintas etapas.

Procesamiento completo de la fruta

TerraFlux también gestiona internamente toda su cadena operacional. La fruta se traslada desde el campo hasta su propio packing, donde pasa por un proceso de preenfriado tanto como materia prima como una vez terminado el proceso de embalaje.

La compañía cuenta además con maquinaria para empacar la fruta en distintos formatos de clamshell, de acuerdo con los requerimientos comerciales. Según Aymans, esta integración les permite mantener el control directo desde la recepción de la fruta hasta el producto terminado y llegar en un plazo de no más de 24 horas a los warehouses requeridos por la comercializadora en Estados Unidos.

México como complemento de Perú y Chile

Para Aymans, la cercanía con Norteamérica continúa siendo uno de los principales atributos de México como origen productor. A ello se suma una ventana productiva que permite complementar la oferta de otros orígenes.

“México es un lugar trascendental para la producción de berries en general, especialmente por su versatilidad para producir arándanos, zarzamoras, frambuesas y fresas. En el caso particular de los arándanos, creo que juega un papel clave como complemento de Perú y Chile, ya que cada temporada se ha ido definiendo con mayor claridad la ventana productiva para la oferta mexicana”, afirmó.

La posibilidad de llegar en cuestión de horas a los mercados estadounidense y canadiense representa una ventaja importante. Sin embargo, advierte que esa cercanía no elimina la necesidad de mantener precisión en aspectos como el manejo de frío, los procesos, las estimaciones productivas y la planificación de la mano de obra.

Para el ejecutivo, una estimación incorrecta puede repercutir directamente en los requerimientos de trabajadores y terminar afectando también al resto de la cadena logística y comercial.

A estas ventajas se suma la diversidad de zonas productivas disponibles en México y una cadena de exportación respaldada por conectividad vial y una estructura sanitaria que, según Aymans, entregan condiciones favorables para continuar desarrollando la producción de arándanos en el país.